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¡El arte es una mentira!

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mayo 24, 2019 | Sección: cultura | Artículos sobre: estudios y análisis de Historia temas que atañen las relaciones culturales que nos atraviesan en la práctica e imaginario cotidiano
¡El arte es una mentira!

Una pregunta que surge constantemente al momento de una controversia con respecto al valor de una obra de «arte» es la de ¿cómo valoramos qué es arte y qué no es arte? y la verdad es que la única respuesta valida operativamente es que no hay forma de valuar una obra de arte sin poner primero un recurso llamado referencia discursiva al servicio de esta evaluación, es decir ¿esto es arte o no es arte según qué canon o qué momento histórico?

Esto anterior nos lleva a una pregunta incluso más molesta y controvertida:

¿Entonces cualquier cosa puede ser arte?

La respuesta, irónicamente, es que sí, cualquier cosa puede ser arte, dependiendo de cómo lo justifiques. Pero revisemos rápidamente los pilares que utilizo para defender esta afirmación.


I. ¿El concepto de arte ha permanecido intacto desde el inicio de la Historia humana?

Incorrecto. No solo desde la Historia humana (que dependiendo las fuentes puede comenzar 8000 años antes de la era cristiana en el Valle del Indo o bien en el 4000 a.C. en Mesopotamia/Delta del Nilo) sino desde los registros de la Prehistoria podemos bien intuir así como encontrar registro de un cambio drástico del significado que tenía la creación estética para el animal homínido.

A partir de los estudios antropológicos que se han hecho sobre algunos artefactos homínidos, como las figurillas antropomorfas así como otros motivos animales, en general se ha concluído en que tuvieron usos rituales de fertilidad y cacería; por otro lado en los artículos encontrados junto a osamentas en entierros se han deducido otra serie de conductas rituales de varias índoles. Pero en general no se habla de conductas meramente decorativas o de algún tipo de apreciación comercial de dichas «obras» como en la época moderna se practica normalmente con respecto a las obras estéticas manufacturadas por el humano.

Nota externa relacionada: ¿Y si las venus del Paleolítico no fueron talladas por hombres sino por mujeres examinando su propio cuerpo?

Posterior a la Prehistoria encontramos que un porcentaje muy elevado de cualquier expresión estética (eso que actualmente se denomina popularmente bajo un mismo nombre: arte), lejos de ser un capricho decorativo, cumplía varios otros propósitos:

  • de registro histórico (a veces mezclado con mitologías) como ejemplos de esto tenemos la Estela de la Victoria de Naram-Sin, la Estela del Código de Hammurabi, La Paleta de Narmer, el fresco de la Batalla de Issos, la Columna de Trajano, el códice Mendoza hecho por tlacuilos mexicas, los bordados de Bayeux que muestran la invasión de Inglaterra por parte de Normandía.
  • de registro de la vida espiritual o la vida cotidiana como podemos ver en vasijas y tablillas en Harappa, los murales de Katal Huyuk , en el muro en relieve hitita de Fraktin, la tablilla del rey Assurnasirpal II cazando leones, varios murales en diversos momentos históricos de Egipto faraónico, la vasija maya de Chamá en Guatemala, el fresco de la tauromaquia de Knossos, el manuscrito iluminado del intercambio de enero con el Duque de Berry.
  • registro de actividades del mundo interno (psicológico o espiritual, podríamos verlo así) de los pueblos. Las escenas grabadas, pintadas o esculpidas de lo que hoy nombramos como «historias mitológicas» tenían para nuestros antepasados un sentido muy diferente; en su mayoría y sobre todo en el mundo antiguo, las historias fantásticas a las cuales podríamos darles lecturas literales (por la inercia racionalista moderna), son descripciones de movimientos celestes con un gran valor cultural que es difícil comprender en épocas modernas. De este rubro son tantos los ejemplos que no me detendré a mencionarlos pues toda civilización desde el Neolítico en adelante (hasta que las cosmovisiones espirituales tuvieron vigencia dentro del sentido común general) cuenta con estas descripciones gráficas.

Y de esta manera podría seguir describiendo ejemplos utilitarios (útiles no solo para cuestiones físicas sino para el mundo interno del ser humano) que el «arte» tenía antes de ser convertido meramente en un objeto de consumo y ser, de hecho, llamado así: arte.

Hay que hacer una pequeña nota sobre el concepto moderno del consumo: no todo lo que consumimos actualmente es necesariamente monetizado de inmediato; un ejemplo: consumimos violencia, lo cual nos desensibiliza o bien sirve para modificar la opinión a favor de algún producto como lo es un candidato presidencial o bien alguna ley regional comercial o educativa. El consumo actualmente tiene que ver con una forma de intercambiar ideas, no solo intercambiar bienes por monedas.

Actualmente lo que conocemos como arte es una forma bastante corrompida y re-empaquetada (al grado que en las escuelas de arte contemporáneas, por lo visto, siguen fomentando este debate sin llegar a un consenso, provocando un sentido común muy antagonizado y confuso sobre las dos preguntas más necias que pudo inventarse la humanidad moderna, las cuales uso como excusa para escribir este artículo) de lo que alguna vez fue la actividad estética para el ser humano: hoy es una institución de consumo voraz, un significante vacío o infinitamente lleno (como una teoría inútil que explica todo y a la vez nada) que sólo provoca conflicto, pero sobre todo un síntoma del decaimiento cultural a nivel mundial.

arte re-empaquetado ¡más tóxico que nunca!

II. ¿El artista siempre se formó dentro de instituciones y se dedicaba enteramente a la creación de piezas decorativas con valor comercial?

Incorrecto. No se sabe por ejemplo durante la Prehistoria exactamente que otros roles cumplían las personas que pintaban en las cavernas las escenas de cacería o de sus posteriores rituales, pero se deduce que podrían haber sido hombres o mujeres sacerdotes con otras responsabilidades dentro de sus reducidos grupos nómadas aparte de dedicarse a pintar y muy probablemente su valor de intercambio de estas piezas fuera accidental o satelital a su propósito original de cada pieza (por llamarla de alguna manera). Ya a partir de la Historia encontramos registros sobre personajes que se dedicaban a la estética y sabemos que estas personas siempre desempeñaban alguna o varias de estas otras actividades dentro de sus sociedades:

  • arquitectura (desarrollo urbano y planeación de templos monumentales)
  • matemáticas y geometría aplicadas (a la filosofía, astronomía, ingeniería)
  • ingeniería (bélica, mecánica)
  • química (herbolaria, alquimia)
  • medicina (herbolaria, botánica)
  • psicología (no como la conocemos actualmente sino a manera de exploración de la psique y la sociedad)
  • exploración territorial (desarrollo de mapas, urbanística)
  • comerciante
  • espía
  • milicia
  • alfarería (utensilios de hogar común, utensilios con propósitos rituales o de estatus social)
  • herrería
  • sacerdotes rituales
  • historiador
  • escriba
  • consejería en cortes de gobierno

Y sobre las instituciones formadoras, se sabe por varios registros que existe una gran variedad de tipos de escuela (en un sentido de la palabra que se remonta más bien al significado etimológico de la palabra) que formaban a estas personas.

En Mesopotamia encontramos registros sobre academias de escribas que en algunas regiones aceptaban mujeres y más tarde se generalizó el solo aceptar hombres; en Egipto también conocemos las academias de escribas así como los templos mistéricos donde desarrollarían la geometría y aprenderían los cánones de las pinturas murales dentro de su cosmovisión; en Mesoamérica tenemos como un ejemplo las escuelas multidisciplinarias Calmecac en donde se formaban las personas tlacuiloh, así como las escuelas independientes del gremio Pochteca que desarrollaban, por ejemplo, pinturas-esculturas de amaranto para sus rituales; y en occidente un ejemplo más reciente, raro ya para su época, puede ser el de Leonardo daVinci.

A la par de estas instituciones siempre han existido personas creadoras de experiencias estéticas que no necesariamente asistían activamente con algún especie de figura mentora y que resultan, con el tiempo, de hacerse de algún tipo de fama e incluso iniciar sus propias escuelas.

III. ¿El arte siempre fue llamado arte y a las personas creadoras artistas?

No. Anteriormente, como vimos en el punto anterior, el artista, antes que «artista» (espero estar logrando mi cometido que es el de hacer de esta palabra una palabra sin sentido, no porque yo personalmente la esté convirtiendo en un sinsentido, sino porque justamente eso es lo que la institución, el «progreso» y la «civilización» se han empeñado en lograr, y me parece ético arrojar luz sobre su contenido errático, contradictorio, simplón, o mejor dicho ausente) era una persona arquitecta, sacerdotal, agricultora, guerrera, historiadora, ingeniera, matemática, et cétera. El concepto moderno de artista lo venimos conociendo a partir de una de estas épocas oscuras que menciono en donde grandes casas monárquicas se dedicaron a acumular riquezas y por razones propagandísticas y de derroche personal comenzaron a financiar individuos para crear estas obras magnas con presupuesto monstruosos detrás de ellas; posteriormente este auge del mecenazgo y las escuelas o casas familiares de estos gremios patrocinados provoca la popularización de la pintura o la escultura como oficios que nos lleva al desarrollo de personajes muy famosos y frustrados por su imposibilidad de alcanzar este estilo de vida como Paul Cezanne, Vincent Van Gogh, Johanes Vermeer, Paul Gaugin o Adolfo Hitler.

Los artistas del Renacimiento eran un gremio profesional influyente, y el incremento de demanda por producción de arte fue debido al crecimiento de orígenes de patrocinio. Durante la Edad Media, la mayoría de los patrocinios eran eclesiásticos (p.e. de las autoridades de la Iglesia). In el Renacimiento, las obras de arte eran comisionadas por grupos civiles o corporativos e incluso individuos adinerados.

Traducido al español del libro: A history of western art. Laurie Schneider Adams

El arte no siempre fue un conflicto de discurso en la humanidad. Y de hecho, no siempre fue llamado arte, y probablemente sería más eficiente olvidar o resignificar correctamente o incluso resetear este término para un futuro, o de menos descansarlo de las responsabilidades infinitamente inútiles que se le atañen.

En la antigüedad, la palabra arte designaba básicamente cualquier actividad hecha con cuidado: el arte de estafar, el arte de traducir bien, el arte de cocinar bien, el arte de la sexualidad, el arte de falsificar, el arte de dar un buen discurso, el arte de engañar, et cétera. Solía representar más bien una especie de adjetivo de maestría. Pareciera que por una pretensión de nombrar una actividad aislada como algo con un valor agregado (empaquetar para su consumo y comercialización), algo así como sustantivizar un adjetivo, actualmente se habla de «arte» como un hecho en sí mismo, como una palabra con un significado terminado, una actividad única digamos, cuando en todo caso debería ser, como mencionaba anteriormente casi un adejetivo: el arte de pintar, el arte de grabar, el arte de esculpir, el arte de robar, el arte de hablar en doble sentido, dando así por hecho que existe algún tipo de valor cultural o de menos técnico a dicha actividad.

Ojo, no estoy intentando sobrevalorar la técnica por sobre el contenido, por eso es que menciono claramente el -valor cultural- a la par del -valor técnico-, a lo que voy es que de no haber pasado de menos un siglo preguntándonos ¿qué es arte y qué no es arte? habríamos logrado un avance teórico en el área de la estética y como resultado en nuestro sentido común de haber hecho un análisis mucho más extenso, histórico, antropológico, cultural, entre muchas otras raíces más sobre este tema.

Bien se podría sustituir la palabra arte por cualquier otra y tendríamos el mismo resultado al debatir sobre tal «concepto» ¿se entiende más o menos el mensaje? ahí va nuevo, me refiero a que da igual si cambiamos la palabra arte junto a su supuesto significado moderno e intentamos hacer un análisis de ello, de todos modos el significado sigue estando tan vacío y roto por dentro que resulta en una terquedad el girar en torno a discusiones al respecto, no nos llevan a ningún lado y de todos modos, en caso de generar un consenso no serviría realmente de nada.

IV. como conclusión al tema principal ¿qué es arte? ¿qué no es arte? ¿cualquier cosa puede ser arte?

Es aquí en donde entramos en el tema principal de este texto que es el arte como un engaño discursivo. La controvertidísima palabra/»concepto» de Arte que debaten infantes clavados, egresadxs de escuelas de arte y analístas por igual con más o menos tecnicismos y términos rimbombantes: a todas esas personas lamento contarles el final de la película pero: el arte es un engaño moderno bien orquestado; más orquestado por los analistas, reproducido conciensudamente o inocentemente por personas egresadas de academia y en las infancias pues son solo ganas de llamar la atención de la abuela.

Como vimos anteriormente el valor de una producción estética la determina solamente la cultura, ¡y aguas!, no la subjetividad individual, sino la cultura, esa cosa que quieras o no usa tus palabras y cuerpo para expresarse y reproducirse como virus de transmisión social-habitual, y ultimadamente será juzgada ya sea por tu propia cultura o por una cultura de terceros, ¡y es ahí en donde se da el colapso intercultural donde ya solo los dioses y el cosmos pueden ponerse de acuerdo!

No lo voy a negar. Soy un artesano y si la gente quiere llamarlo arte, entonces ese es su asunto. Yo soy un artesano. Hay una escultura famosa llamada gato durmiente, nemuri-neko. Lo llaman una gran obra de arte, pero no sé si el escultor pretendía que fuera arte. Él era un artesano; Estoy seguro de que nunca dijo que él mismo era un artista.

En lo que respecta al arte moderno, si alguien famoso recoge piedras de la banqueta y las coloca en una gran galería, eso también se considera arte. Castillos, espadas, alfarería, todo es arte. ¿Dónde están los límites? Personalmente creo que las ceremonias de té japonesas son arte. Ya no sabría decir qué es arte actualmente. ¿Depende de quién lo recoja? ¿Quién tiene valor hoy en día? ¿Qué tiene valor?

Horiyoshi III, tatuator tradicional de Japón. Entrevista en Vice.
Horiyoshi III. foto tomada de hypebeast.com

El valor del arte, como un concepto alejado de su raíz original y corrompido en esta especie de adjetivo sin sustantivo o bien adjetivo sustantivizado, es cuestión de la postura personal arraigada a una colectividad que le de soporte y por lo tanto alguna pizca de valor, porque ¿que no una individualidad que defiende un concepto tan pero tan subjetivo que no tiene reflejo en la realidad de nadie más que de esa persona que lo esta testarudamente trayendo al tema se les llama dementes?, el humano no es un animal individual (nisiquiera Darwin y Kropotkin conflictúan en ese punto), requiere de una realidad construida colectivamente para operar su mente y quien no tome al menos un 50% de la mente de otras entidades de su misma especie humana para pensar con el pensamiento de esas otras personas definitivamente queda demente, desprovista de realidad sobre la cual operar para vivir.

Y que si entonces ¿cualquier cosa puede ser arte? claro, en este mundo cada vez más laxo en cuanto a límites generales, con identidades culturales cada vez más superficiales, anti-nutritivas y diluidas, con un discurso que emana de una voz-en-off muy fuerte por detrás de bambalinas que dice «tolera todo, tolera todo sin reflexionarlo, consúmelo y luego cura tu indigestión cultural con todos estos otros productos» claro que todo es arte, ¿por qué? porque en primera la palabra Arte está vacía, muerta y por lo tanto infertil, y en segunda, si por inocencia, conveniencia, soledad o inconciencia irresponsable aceptara alguien que esa palabra debería seguir usándose como actualmente se malusa entonces regresamos a la cuestión del valor en un mundo que a falta de culturas y por tanto a falta de valores puede más bien dedicar toda su energía vital a jugar el juego de formar clubes de intereses comunes y fomentar la democracia postmoderna: mientras más repetidoras tengan sonando las 24/7 los 365 del ciclo alrededor del Sol sobre la legitimidad de este o aquel movimiento artístico, entonces sí, eres Arte y que nadie se atreva a cuestionarlo, solamente a debatirlo dentro del corral de posibilidades que tal o cual club social dicten.

V. ¿Qué posibilidades hay de seguir utilizando la palabra arte sin invocar inmediatamente sus conflictos y problemas de coherencia en el discurso?

Siendo entonces que actualmente la palabra «arte» es más bien un engaño orquestado para fomentar dinámicas de consumo y pseudo-intelectualidad, entonces pues, para lograr un análisis que valga la pena solamente hay dos opciones: o bien dotar a la palabra «arte» de un significado nuevo que englobe todo aquello que el arte en su concepción actual no es, opción que sería bastante sobre-complicada y a últimas inútil, o bien dejar de hablar de eso que se supondría que el arte es y más bien usar la palabra «arte» solo como una anunciación inicial, sin valor en sí misma para designar absolutamente nada más que esa puerta de entrada discursiva y que una vez pasando ese umbral de anunciación, obligadamente debemos comenzar a utilizar los términos pertinentes para el tipo de contenido del cual vamos a hablar dentro de ese marcador global, porque ¿qué va del uso ritual de lo que alguna vez significo a la persona que esculpió un cuerpo como el que representa una Venus de Wilendorf a lo que representa un óleo de temática católica comisionada por la familia Medici, o bien para lo que puede funcionar un dibujo médico de un chamán Hopi o Rarámuri, a lo que puede significar o para lo que puede servir un Andy Warhol o un Oxxo de Gabriel Orozco en términos comunes de función que desempeñaban en su momento histórico?

Inmediatamente en cuanto se hace dicha anunciación, la palabra arte se esfuma, se desaparece, o se disuelve y deja de designar objetos, prácticas o valores y simplemente funciona como una puerta discursiva a temas antropológicos, psicológicos, sociales, culturales, médicos, arquitectónicos, espirituales, políticos e incluso comerciales.


VI. Post-data por el autor

Cabe destacar que hay una correlación entre momentos históricos decadentes y la sobre-especialización y explotación de la actividad estética con fines lucrativos o propagandísticos. Por ejemplo en la edad media la única estética aceptable era la de temas cristianos y el sacerdocio se dedicaba únicamente al cuidado de los votos del convento y a la creación de imágenes o motivos religiosos; durante el auge del comunismo y el nazismo la gráfica y los motivos se centraban en la manipulación de masas; en los tiempos del mecenazgo el principal interes por ejemplo de la casa de los Medici era la guerra anti-reformista con la creación de obras magnas que representaran escenas del cristianismo para recuperar popularidad como religión única ante el desafío de Martín Lutero; y en la modernidad la estética también responde a la vorágine neoliberal, consumista e imperialista de la «cultura» globalizada en expansión.

La familia Medici […] patrocinó a Leonardo, Miguelangel, Maquiavelo y Galileo. También fueron protagonistas de la contra-reforma, desde el incio de la Reforma

https://en.wikipedia.org/wiki/House_of_Medici

En general, en los momentos de armonía cultural (y por favor, no confundir mi concepto de armonía con el de pacifismo, pues en civilizaciones bélicas existía también la armonía) las actividades humanas -incluyendo la creación estética con cualquier finalidad- se han repartido en función a la curiosidad inherente al ser humano, al florecimiento cultural holístico e integral, el desarrollo interno y externo del conocimiento individual-colectivo, en contraposición por ejemplo de los momentos oscuros de la humanidad en donde el «progreso» como obligación y como valor por encima de cualquier goce terrenal de la misma naturaleza humana, obligan al ser humano, desprovisto de su motivación natural, a sobre-especializarse en actividades cercenadas que responden más bien a una desesperación por subsistir y a una búsqueda apresurada de una opción simplona dentro de los rubros prefabricados que ofrece dicho sistema progresista, todo esto dentro de un clima depresivo, desprovisto de energía natural lo cual explica la elección de opciones con la menor actividad metabólica posible; porque ¿cómo exigirle al cuerpo una actividad metabólica que el mismo medio no le puede proveer para costearse ese gasto energético? la única y mejor opción, naturalmente, es una opción de bajo rendimiento.

dentro del arte moderno, yo me quedo solo con Pink Guy

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